Mi viaje a Tromsø y la aurora boreal

¿Has tenido alguna vez la sensación de estar viviendo en piloto automático?

Hace casi un año, cuando por fin me había asentado en Dinamarca, empecé a notar que mi vida se volvía más y más rutinaria.

De la espontaneidad de salir a tomar unas cervezas de imprevisto o los mil y un planes que tenía cada fin de semana en España, pasé a las tradiciones (el arroz al horno de los domingos o las cerves del Friday bar) y la planificación a largo plazo. No hay nada malo en ser buen planificador, por algo son uno de los países más ricos de la Unión Europea (o quizá también sea porque a -5º no apetece irse de cañas), pero por desgracia, las oportunidades de ocio son más limitadas.

Era el momento de planear un viajecito.

Desde hace unos cuantos años, en mi afán de tener experiencias extraordinarias, he querido ver la aurora boreal. Es una cosa que tenía apuntada en mi lista de “Cosas que hacer antes de morir”, y sin duda era el momento de hacerlo.

La aurora boreal ocurre cuando el viento solar choca con el campo magnético de la Tierra (la magnetosfera). Cuando estas radiaciones solares llegan a la Tierra, la energía se va acumulando en los polos hasta que no se puede contener más y se libera en forma de luz.

Sin duda, uno de los fenómenos más hermosos y extraños del planeta Tierra.

¿Cuál es el mejor momento?

En teoría, es durante los solsticios cuando las auroras son más intensas. Sin embargo, en estas fechas las condiciones meteorológicas son extremas. Éste fue un punto que casi nos hizo cancelar el viaje. Se necesita mucha preparación para aguantar horas a la intemperie esperando divisar alguna aurora y cualquier imprevisto en la naturaleza podría llegar a ser peligroso.

Es por ello, que decidimos ir en la primera semana de marzo, cuando las condiciones meteorológicas son un poco mejores, aunque la intensidad de las auroras es menor.

Hay tres condiciones que se deben cumplir para que podamos ver una aurora boreal:

  1. Que haya radiación, para ello hay que estar dentro del círculo polar ártico (o antártico) o muy cerca.
  2. Que los periodos nocturnos sean más largos (y no haya contaminación lumínica), es decir, no vayas en verano y aléjate de la ciudad. No serías el primero ni el último, pero no te lo aconsejo. ;)
  3. Que esté el cielo raso.

Dicho esto, tan importante es el cuándo, como lo es cuánto. No hay que tentar a la suerte con un viaje de un par de días, unos días malos (nublados) pueden arruinarte el viaje.

¿Dónde ir?

No existe mejor lugar, la intensidad de las auroras varía aleatoriamente dependiendo de la localización. Aunque recuerda, lo más importante es que el cielo esté raso, independientemente de donde te encuentres.

Ante esto, tenemos dos opciones: Contratar un tour organizado que te llevará en un minibus a los puntos donde es más probable encontrarlas o alquilar un coche e ir buscándolas por ti mismo.

Este último es un poco más complicado sin conocer la zona, pero esto no es un simple viaje organizado, esto es una AVENTURA y el que no arriesga no gana.

Por suerte, la tecnología está de nuestro lado para hacernos las cosas un poco más sencillas.

Hay un par de aplicaciones especialmente interesantes: My Aurora forecast y Aurora alerts. Con ellas puedes saber la probabilidad de ver una aurora y el porcentaje de encapotamiento por franjas horarias para una determinada localización.

Lo único malo es que no te dice la mejor zona, sino que tienes que ir probando en distintas localizaciones usando el mapa.

¿Y qué me llevo?

Ropa de frío, muuucho frío. Ten en cuenta que podemos estar esperando horas hasta que las veamos y cuando esto ocurra, no querremos que el frío nos arruine la experiencia por no poder soportarlo.

Empezando por abajo, por supuesto: botas y doble o triple calcetín (yo me compré unos que me llegaban hasta las rodillas). Esto es crucial, los pies son la parte más propensa a coger humedad y lo último que queremos es perdernos el espectáculo por tener los pies congelados.

Triple pantalón, mallas térmicas, pantalones normales o de pijama y un pantalón de nieve (de esquiar). Y arriba, más capas que una cebolla.

Gorro (si tapa las orejas mejor), braga de cuello, bufanda, unos guantes finos y unos más gruesos (esto va de lujo si quieres hacer fotos y no pasar frío en las manos).

Con todo esto, ya estás preparado para competir contra el muñeco de Michelin o adiestrar una jauría de perros hambrientos. Parece una exageración (y quizá lo sea), pero recuerda que estarás a la intemperie por HORAS.

Respecto a la equipación, nosotros llevamos una mochila grande de mochilero (ésta incluía una funda impermeable que luego utilizamos para sentarnos en la nieve), un termo con té de jengibre y limón para calentarnos, el móvil con suficiente batería, varias linternas y una brújula (que no sirve de nada, pero me gusta llevarla).

En mi caso, no solo quería ver la aurora boreal, sino que también quería llevarme un buen recuerdo, así que me llevé una cámara de fotos reflex y – muy importante – un trípode.

¿Cómo fotografiar la aurora boreal?

Bueno, esto es toda una ciencia. Para un newbie de la fotografía como yo, hay demasiadas configuraciones que desconocía.

Al parecer, tener el obturador abierto por un tiempo (entre 30 segundos y 1 minuto) es lo más importante. De esta forma, el dispositivo fotosensible absorbe toda la luz posible y queda una foto increíble.

Por este mismo motivo, en foto, una aurora siempre va a parecer más intensa y voluminosa de lo que es en realidad, pero verla en persona es una experiencia increíble.

Por esta misma razón, es totalmente indispensable un trípode. Ni con un pulso de hierro vas a poder mantener la cámara estática por 30 segundos o más.

Aquí tenéis un link con las configuraciones recomendadas.

¿Cómo retocar las fotografías?

Dos opciones, las puedes editar manualmente o puedes utilizar una app que lo haga automáticamente.Yo utilicé Snapseed en un primer momento, y cuando tuve un poco más de tiempo seguí los siguientes tutoriales (tutorial 1 y tutorial 2).

El viaje

Estábamos listos. Teníamos la mochila, la cámara de fotos e infinitas capas de ropa. Era el momento de emprender el camino hacia el Polo Norte (casi).

No habían vuelos directos de Copenhague a Tromsø, así que tuvimos que hacer escala en Oslo.

Aunque parezca que Noruega es un país pequeño por tener poca población, nada más lejos de la realidad.

Noruega es un país muy grande y largo. La distancia entre su capital Oslo (situada al sur) y Tromsø (situada al norte), es de 1740 km. Sería equivalente a por ejemplo, ir de Valencia a Frankfurt.

Una vez estábamos de camino, en la primera escala vimos desde el avión montañas y montañas de nieve acumulándose a los laterales de la pista de aterrizaje. Nos esperamos lo peor, pues se pronosticaba una ola de frío y estábamos ya a -20ºC en Oslo. No quería ni imaginar el frío que haría en Tromsø.

Por suerte, al parecer la ola se llevó todo el frío de Tromsø y cuando llegamos hacían unos más que placenteros -7ºC.

Una vez en el aeropuerto, fuimos a recoger el coche de alquiler que teníamos reservado y nos dirigimos hacia el apartamento a dejar los trastos y prepararnos para la noche. Este sería nuestro primer intento.

Empieza la búsqueda de la aurora boreal

Después de cenar, preparamos unas infusiones para verterlas en el termo, nos pusimos todas las capas posibles y cargamos las cosas en el coche.

No era un buen día para ver la aurora. A pesar de que se pronosticaba radiación, el cielo estaba encapotado.

Estuvimos dando vueltas sin saber muy bien que estábamos buscando, simplemente tratamos de librarnos de toda contaminación lumínica. Al final acabamos en un sitio llamado Skulsfjord (el fiordo de las calaveras) donde se pronosticaba mucha intensidad.

Una vez llegamos, bajamos del coche y empezamos a explorar la zona. Estaba todo oscuro y cada paso que dábamos se hundía en la nieve. Buscamos en varios sitios hasta que encontramos una idílica casa de madera al lado de un río congelado.

Tan pronto llegamos al sitio y sin darnos tiempo a prepararnos, vimos una ligera luz verde en el cielo. ¿Será una aurora? pensamos.  Rápidamente tratamos de hacer una foto, no teníamos siquiera el trípode instalado así que la hicimos a pulso.

Con ello confirmamos dos cosas:

La primera, que sí que era una aurora, aunque muy tenue.

La segunda, que las fotos salen terriblemente mal sin un trípode.

Después de instalarnos estuvimos horas esperando a que se desencapotara el cielo, pero nada. Al final recogimos y volvimos al coche, encendimos la calefacción, le dimos al Warm Butt Button (los asientos calefactables) y condujimos de vuelta al apartamento.

Un poco de cultura

Al día siguiente, fuimos al poblado de los Sami, una tribu que vive de la crianza de renos de una forma muy tradicional. Es uno de los atractivos turísticos más importantes de Tromsø.

Ahí, dimos un paseo en trineo tirado por renos por una llanura congelada. Otra experiencia inolvidable que tuvimos gracias a no centrarnos solo en la aurora boreal y explorar otros aspectos de la cultura.

Después de esto, dimos de comer a los renos y luego ellos nos dieron de comer a nosotros. Era una sopa preparada con carne de reno. Esto sin duda trastocó a algunos (los más sensibles) y nos dió a todos una valiosa lección de vida.

Para finalizar, nos sentamos con algunos Sami a charlar. Nos contaron cómo viven y algunas historias sobre los diferentes poblados.

Una vez nos despedimos, hicimos un poco más de turismo por la ciudad y nos tomamos una Mack (cerveza noruega) en Rorbua, un bar acogedor cerca del puerto. Tras esto, volvimos ya al apartamento para preparar el segundo intento.

La recompensa

La preparación fue la misma: Dormir un poco, cenar, preparar algo de té para no morir congelado y salir a por todas.

Antes de salir, también comprobamos la intensidad de las auroras y justamente en el sitio donde acampamos el día anterior, era donde más intensidad se preveía.  Una vez preparados, salimos dispuestos a conducir hacia ese lugar, esperando tener más suerte que el día anterior.

¿Cómo íbamos a imaginar lo que estaba a punto de pasar?

Cuando abrimos la puerta de casa, tuvimos la gran sorpresa de ver la aurora boreal en todo su esplendor, justo encima de nuestras cabezas.

Unas luces brillantes y moviéndose como nunca habíamos visto, que hicieron parecer, a las que habíamos visto el día anterior, inmensamente insignificantes.

No sabíamos cuánto iba a durar, así que sacamos la cámara rápidamente y olvidando la regla nº 1 (siempre utilizar trípode) tratamos de hacer una foto.

Como era de esperar, no salió demasiado bien, pero para el segundo intento, preparamos el trípode y esta vez sí, sacamos una foto decente.

Nos alejamos un poco de la zona residencial para evitar la contaminación lumínica y nos dirigimos a un puerto cercano con casitas de colores en la costa. Desde allí gozamos de una localización perfecta para fotografiar las auroras que se divisaban a lo lejos, sin apenas contaminación lumínica.

Estuvimos jugando con la cámara por un rato hasta que la aurora se disipó. Luego condujimos hasta Skulsfjord, dónde por suerte el cielo estaba raso y se podían ver auroras incluso más intensas que las anteriores.

Paramos en el arcén de la carretera y empezamos a hacer fotos con la esperanza de que no se acabaran pronto. Por suerte esto no pasó, cuándo se extinguía a una, aparecía otra y así pudimos hacer fotografías desde todos los ángulos y localizaciones.

Después de 3 horas y cientos (sino miles) de fotografías, nuestros cuerpos no aguantaban más la temperatura (el termómetro marcaba -12ºC  cuando entramos en el coche) y decidimos volver a casa, con la cara llena de escarcha, pero muy felices de haber cumplido nuestro objetivo.

Una vez ya en casa, retoqué las fotos con los siguientes tutoriales para que se vieran incluso más impresionantes (tutorial 1 y tutorial 2).

Estas son algunas de ellas:


Somewhere, something incredible is waiting to be known.


Carl Sagan

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